El comercio internacional vive una transformación profunda. Las tensiones geopolíticas, el aumento del proteccionismo y la redefinición de acuerdos comerciales están dibujando un nuevo mapa económico global. En este escenario incierto, la internacionalización se convierte en una herramienta estratégica imprescindible, especialmente para las pequeñas y medianas empresas (pymes), tanto en España como en regiones con menor proyección exterior, como Extremadura.
La globalización ya no es un proceso lineal. Las guerras comerciales, las nuevas políticas aduaneras y las barreras técnicas imponen condiciones más exigentes para operar fuera del mercado local. Frente a este panorama, las empresas que dependen únicamente del entorno nacional se exponen a mayores riesgos, menor competitividad y una menor capacidad de adaptación.
Por tanto, abrirse a nuevos mercados no solo permite diversificar ingresos, sino también incorporar innovación, ganar eficiencia y aumentar el valor añadido de los productos y servicios.
En España, las pymes representan el 99,8 % del tejido empresarial y generan aproximadamente el 66 % del empleo. Sin embargo, solo un 9 % exporta de forma regular. Esta baja presencia internacional limita el crecimiento y la competitividad de un segmento que, por su volumen, es clave para la evolución económica del país.
Aunque España ha progresado en los últimos años, con las exportaciones alcanzando el 40,9 % del PIB, sigue por detrás de otras potencias europeas como Italia (36,6 %) o Francia (34,7 %). Hay margen de mejora, especialmente si se trabaja sobre la base empresarial más numerosa: las pymes.
Extremadura, con una estructura empresarial dominada por microempresas y pymes, enfrenta un desafío aún mayor. Según datos del INE y el Observatorio de la Pyme, más del 99 % de las empresas extremeñas son pymes, y generan más del 70 % del empleo regional. No obstante, su presencia en mercados internacionales es todavía reducida.
Menos del 5 % de las pymes extremeñas exporta con regularidad. Esta cifra refleja una baja internacionalización que frena el crecimiento de sectores con alto potencial, como el agroalimentario, el energético o el tecnológico. En una región con un fuerte componente rural y una economía aún dependiente del sector primario, mirar hacia el exterior puede ser una palanca decisiva para el desarrollo.
Muchas pymes siguen viendo la internacionalización como una acción puntual o secundaria. Sin embargo, para que sea efectiva, debe integrarse como parte estructural de la estrategia empresarial. Esto implica cambiar la mentalidad: pasar de un enfoque reactivo a uno proactivo, con visión a largo plazo.
Internacionalizar no significa únicamente vender fuera. Implica adaptar procesos, invertir en calidad, cumplir normativas internacionales, innovar y desarrollar capacidades internas que permitan competir en mercados exigentes. Por tanto, es un proceso que requiere formación, planificación y apoyo especializado.
Las cámaras de comercio, tanto a nivel nacional como regional, desempeñan un papel fundamental en este proceso. En Extremadura, estas entidades han trabajado durante décadas ofreciendo servicios de apoyo a la internacionalización, como programas formativos, consultoría estratégica y misiones comerciales.
Además, iniciativas como Kit Digital y Kit Consulting, junto con los fondos europeos Next Generation EU, proporcionan recursos económicos y técnicos para que las empresas puedan iniciar o consolidar su presencia exterior.
Las cámaras también facilitan el acceso a información sobre mercados, normativa fiscal, competencia internacional y oportunidades de negocio. Este acompañamiento reduce barreras de entrada y mejora las probabilidades de éxito en mercados nuevos.
La Unión Europea ha intensificado su apoyo a la internacionalización como vía para mejorar la productividad y la competitividad. Bajo el liderazgo de figuras como Ursula von der Leyen o Mario Draghi, se promueve una política económica que apuesta por la digitalización, la innovación y la internacionalización como pilares de futuro.
Extremadura puede beneficiarse especialmente de estos programas, al tratarse de una región con características estructurales que requieren apoyo adicional para su transformación económica. Aprovechar estos fondos e instrumentos es clave para cerrar brechas territoriales y mejorar la cohesión.
En Extremadura existen sectores con capacidad real de competir a nivel internacional. El sector agroalimentario destaca por su calidad y tradición exportadora, especialmente en productos como el aceite de oliva, el vino o el ibérico.
El sector energético, vinculado a energías renovables, también presenta oportunidades de inversión y exportación, al igual que sectores emergentes como el tecnológico o los servicios digitales, que requieren menos infraestructura para internacionalizarse y pueden escalar rápidamente.
Impulsar estos sectores mediante estrategias de internacionalización no solo abre nuevos mercados, sino que también fortalece el tejido empresarial y genera empleo de mayor valor añadido.
En un mundo cambiante, donde las reglas comerciales se reescriben con frecuencia, la internacionalización no es solo una oportunidad: es una necesidad. Para las pymes, especialmente en regiones como Extremadura, salir al exterior puede marcar la diferencia entre estancarse o crecer.
Las empresas que apuestan por diversificar mercados son más resilientes, más competitivas y más innovadoras. En tiempos de guerra comercial y cambios constantes, la mejor defensa es una estrategia firme de internacionalización.