El anuncio de la condonación de 17.000 millones de euros de deuda a Cataluña ha generado un profundo malestar entre comunidades autónomas, economistas y organismos independientes. Aunque el gobierno insiste en que no se trata de un “perdón de deuda”, sino de una reestructuración que beneficia a todas las autonomías, la realidad es que esta medida premia la mala gestión financiera y perjudica a aquellas comunidades que han sido fiscalmente responsables.
El Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) se creó en 2012 como un mecanismo de emergencia para comunidades que no podían financiarse en los mercados. Cataluña ha sido la principal beneficiaria de este fondo, recibiendo más de 80.000 millones de euros. Mientras tanto, comunidades como Madrid, Galicia o Castilla y León optaron por financiarse con sus propios recursos, sin recurrir a este mecanismo.
Ahora, el gobierno ha decidido condonar parte de esa deuda, no solo a Cataluña, sino a otras comunidades, elevando la cifra total a 83.000 millones de euros. Sin embargo, el reparto sigue beneficiando de forma desproporcionada a Cataluña, lo que ha generado rechazo incluso dentro del PSOE. Líderes socialistas como Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha) y Adrián Barbón (Asturias) han criticado esta medida, ya que favorece a regiones que han gestionado mal sus cuentas a costa de aquellas que han sido más responsables.
Para comprender mejor la desigualdad que genera esta condonación, se puede hacer una comparación con el pago de una hipoteca en una familia de tres hermanos:
Un año después, la madre decide que la deuda total de 600.000 euros debe repartirse equitativamente entre todos. Como resultado:
Este símil refleja cómo la condonación de deuda castiga a las comunidades que han sido fiscalmente responsables y premia a las que han gestionado mal sus finanzas.
Además de la condonación de deuda, otra decisión polémica ha sido el reparto del impuesto a la banca, que supuestamente debía recaudar 8.000 millones de euros. Sin embargo, Cataluña vuelve a ser la principal beneficiada, lo que ha provocado el rechazo incluso dentro del PSOE.
Líderes socialistas como Page y Barbón votaron en contra del reparto de este impuesto, al considerar que perjudica a otras comunidades. La fractura interna en el PSOE evidencia el descontento generalizado con la estrategia del gobierno de favorecer económicamente a Cataluña en detrimento de otras regiones.
Uno de los problemas de fondo en esta cuestión es la mala gestión del gasto público y la falta de controles efectivos.
Esta falta de supervisión refuerza la idea de que el problema no es la falta de recursos, sino su mala gestión. Sin un control real del gasto, medidas como la condonación de deuda o el impuesto a la banca terminan siendo herramientas políticas en lugar de soluciones económicas.