Tras 31 años de limpieza y excelencia, España pierde su estatus de santuario sanitario. El hallazgo de la Peste Porcina Africana (PPA) en Barcelona no es una casualidad, es la consecuencia directa de un modelo catalán obsesionado con el volumen, sin ningún cuidado y desconectado del territorio, que ha permitido que un virus importado de África pueda afectar la economía nacional.
El sector porcino español se ha despertado de su sueño de tres décadas para entrar en una pesadilla. Pero no todos tienen la misma responsabilidad.
Mientras en la dehesa de Extremadura se mima la genética, se cuida el entorno y se busca la excelencia del producto único, en regiones como Cataluña han estado jugando a la ruleta rusa con la seguridad sanitaria de los productos.
La confirmación por parte del Ministerio de Agricultura de la presencia del virus de la PPA en dos jabalíes en Bellaterra (Barcelona) marca un antes y un después. No ha ocurrido en una zona remota; ha sucedido en el corazón de la masificación, cerca de campus universitarios y autopistas, donde la fauna salvaje se alimenta de basura.
Con el 23% de la cabaña porcina nacional hacinada en su territorio, Cataluña ha apostado por un modelo de "carne a granel".
Un sistema intensivo que prioriza la facturación rápida sobre el control mínimo, no ya exhaustivo. El resultado es que han convertido su territorio en el eslabón débil de la cadena sanitaria europea. Han priorizado el beneficio económico inmediato, descuidando que sin seguridad sanitaria, no hay negocio para nadie.
Es fundamental entender de dónde viene este enemigo para comprender la magnitud de la negligencia en los controles fronterizos y locales.
La Peste Porcina Africana no es europea. Como su nombre indica y los informes veterinarios confirman, es una plaga típica del África subsahariana.
Es un virus foráneo, ajeno a nuestros ecosistemas, que ha viajado miles de kilómetros por la incapacidad de frenar su avance.
La ruta del contagio: El virus saltó de África a Georgia en 2007, de ahí a Rusia y China, y penetró en la Unión Europea por el este en 2014.
La vergüenza del "bocadillo": ¿Cómo entra un virus africano/asiático en un bosque de Barcelona? Las autoridades manejan la "vía del sándwich": productos cárnicos infectados (restos de comida de viajeros) tirados a la basura y devorados por jabalíes descontrolados6666.
Es humillante para el resto de ganaderos españoles, que invierten fortunas en trazabilidad, ver cómo su futuro pende de un hilo porque en zonas como la catalana no se controlan ni los vertederos ni la sobrepoblación de jabalíes, que han perdido el miedo al humano y actúan como vectores de enfermedades importadas.
La reacción internacional ha sido inmediata y despiadada. El mercado no perdona la duda, y el sello "España" ha quedado manchado por el brote catalán.
Países que exigen máxima seguridad no han querido escuchar explicaciones sobre regionalización.
Japón y México: Han cerrado sus puertas a toda la carne española8888. No importa que el cerdo sea de una dehesa impoluta de Badajoz; para ellos, el riesgo país es inasumible. Japón representa el 14% de las ventas fuera de la UE9.
Pérdidas millonarias: Están en juego 3.687 millones de euros en exportaciones extracomunitarias1
La única luz en este túnel es China, el mayor cliente del mundo (compra el 40% del cerdo español, unos 1.000 millones de euros), gracias a un protocolo firmado hace apenas dos semanas, Pekín ha aceptado vetar solo a la provincia de Barcelona.
Pero que nadie se engañe: esto pende de un hilo. Si aparece un solo caso fuera de ese perímetro de seguridad, China cerrará el grifo, y entonces la catástrofe será total.
Aquí radica el mayor peligro para la economía de Extremadura. El cierre de mercados como Japón o México provoca un "efecto tapón".
Saturación del mercado: La carne industrial catalana, de menor calidad y sin pedigrí, que ya no puede viajar a esos destinos internacionales, se quedará en España.
Hundimiento de precios: Esa carne barata inundará el mercado nacional y europeo, provocando un desplome de los precios en origen. El ganadero extremeño, cuyo coste de producción es alto porque apuesta por la calidad, se verá obligado a competir en una guerra de precios contra una carne "sobrante" del norte.
La situación en la "zona cero" demuestra el pánico. Se ha decretado una "zona infectada" en un radio de 20 kilómetros alrededor del hallazgo en Bellaterra.
39 explotaciones bloqueadas: Granjas enteras inmovilizadas, sin poder vender ni mover animales durante al menos 12 meses.
Prohibición total: Se ha prohibido la caza y actividades en el medio natural en 12 municipios para evitar que el movimiento humano disperse a los jabalíes infectados.
La Peste Porcina Africana ha vuelto a España traída por la globalización mal entendida y la gestión industrial irresponsable. Extremadura, reserva genética y económica del porcino de calidad, se enfrenta ahora a la factura de una comunidad que impune se salta todas las medidas básicas sanitarias.
Si el modelo industrial de ciertas regiones españolas, como la catalana o la castellana con su DO de Guijuelo que considera ibérico un cerdo que sea medio catalán, si esas regiones tratan al animal como mera mercancía, es incapaz de garantizar la seguridad sanitaria frente a amenazas que vienen de África y el Este, no debería arrastrar en su caída a quienes llevan siglos haciendo las cosas bien.
Es hora de blindar la dehesa.